Héctor A. Gil Müller
En un extraño vuelco, pese a muchos
pronósticos, la final de la copa del futbol mundial se jugará en español, España
contra Argentina habrán de disputar un anhelado trofeo que corona una justa
deportiva que convocó en números record a selecciones nacionales, expectadores
e ingresos económicos mostrando que independientemente de como gire el mundo
siempre hay por qué gastar. Desde 1930, cuando la final fue entre Uruguay y
Argentina, no habían coincidido dos hispanoparlantes en la final.
El español, como lengua materna, es el segundo idioma con más
hablantes en el mundo, su individualidad no solo está en la virgulilla sobre la
“ñ” que la vuelve una consonante diferente. No solo el español tiene la “ñ” que
la luce hasta en su mismo nombre, otras lenguas originarias lo hacen como
también el filipino. Pero si tenemos algunas palabras que solamente nosotros
nos hemos reservado, y lo digo no solo desde el mexicano, si pudiésemos
identificar nuestro español, como son las nostálgicas referencias a cantinflear
o catafixia y el ambiguo ahorita, sino términos que en español nos dicen algo
que no se encuentra en otros idiomas. Palabras como madrugar que conlleva el
sentido de ganar en algo por llegar primero. Contiene esa ambición de ganarlas
todas solo por madrugar, el mismo dicho acuñado en la sabiduría popular de “no
por mucho madrugar, amanece más temprano” expresa los límites en tan
ambicionada acción. Otra palabra es la “sobremesa”
que expresar ese tiempo de convivencia que ya no es ante los alimentos, sino
después de ellos. Cuando es bien llevada, se cuenta todo y se exagera, se
disfruta tanto la sobremesa como el manjar previo. No hay cambio de sede como en
el anis o por el café que se lleva a otros lados, aquí se quedan en la mesa y
se ve como los platos se empiezan a limpiar haciendo bultos de los enseres y de
las sobras sin decidir si serán para la perra o para la perra hambre del día
siguiente.
Una palabra en especial que no se encuentra en otras
lenguas; “vergüenza ajena”. Dificil imagen, que la vergüenza que es tan propia
también sea ajena. Ese alipori es el sentimiento de bochorno o propiamente
vergüenza que nos da cuando alguien mas hace el ridículo. Sobran ejemplos para
advertir tan bochornoso nivel, desde la grada se ve el festín ridículo del que
robó pero poquito hasta el improvisado juanito; estampas ambas del idiario
político mexicano.
A ese nivel se ha reducido el discurso diplomático entre
EUA y México en relación a las drogas y las acciones por impactar en su
producción, tráfico y consumo. La lucha contra el narcotráfico está muy lejos
de concluir o incluso de dar algún buen campanazo. Estados Unidos reitera la
inseparable conexión entre los cárteles del narco y el gobierno de México y
ahora México revira a Estados Unidos indignado y señalando que se preocupan más
por el exterior que por los problemas relacionados con el flagelo de la drogadicción
en su propio país. Ironizó el memeta, nuevo oficio de producir memes y ser como
el juglar lo fue pero en el metaverso, dijo ese poeta social; …de no habernos
independizado de España, ya estariamos en la final…


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