Héctor A. Gil Müller
En el artículo anterior abordé la desafortunada premisa
que la IA suplirá a los columnistas. No escribí sobre un elemento visible
cuando una nueva tecnología aparece; elimina rutina pero también implica la
creación de más elementos de trabajo. En la industria textil, la eliminación
del telar quitó a los operadores pero permitió que otros trabajos surgieran al
derredor. Esa prosperidad social surge cuando la tecnología está dentro de la
escuela, es decir, se ha incorporado a nuestras instituciones y su estudio
permite su dominio. Cuando la tecnología está afuera de la escuela hay tensión
social. Como ejemplo, ocurrió esa tensión social en la revolución industrial;
el nedismo y el cartismo fueron movimientos que querían destruir al robot viéndolo
como un imitador de la fuerza human. Hoy en día no pasa así, ya no se odia al
robot, pero muchos otros elementos tecnológicos aun no se han incorporado; la
escuela no sabe que hacer con la IA y solamente la ve como rival a sus rutinas,
hay tensión social. La inteligencia artificial no suplirá a los abogados sólo a
los que memorizan las leyes, no suplirá a los columnistas sino sólo a los que
escriben palabras. La escritura sin sentido, la queja aislada que no
corresponde a los valores, nos hace clavar banderas y afirmar que conocemos un
iceberg solamente por su superficie, la gran masa está oculta abajo de nuestros
comportamientos como las motivaciones, los intereses y valores que no se
revelan salvo al ojo aguzado. La Inteligencia Artificial debe tomar, de todas
las areas incluyendo el gobierno, las funciones necesariamente aletargantes,
aquellas repetitivas que no dan novedad ni humanidad sino solamente dependencia
y monotonía.
La Universidad
Nacional Autónoma de México, la UNAM, reveló, gracias a una escalada inusual en
los buenos resultados de los más de 158 mil aspirantes a ingresar, que se pudo
haber hecho uso de la IA para obtener beneficios en los exámenes de admisión. El
problema se incrementa porque por primera vez el examen de admisión ha sido
totalmente en línea, y los resultados muestran una mejora dificil de explicar. Por
ejemplo, para Medicina los postulantes que obtenian el puntaje necesario para
acceder era de 1.5% de los sustentantes, este año fue 9%, Derecho pasó de 3.7%
a 18.9% y en general la tendencia así se observó. Obviamente la primer
respuesta fue suponer que usando IA los estudiantes pudieron corromper el espíritu
de la prueba. El miedo, zozobra y la duda se pasea entre los aspirantes, las
autoridades de la institución y las nuevas generaciones que están fijando los
linderos de sus caminos y se enfrentan a las decisiones emocionales de cuando
usar o cuando no usar las tecnologías. El enemigo es, quien está afuera de la
Escuela, la inteligencia Artificial. ¿será esa la trampa?, conviene estar
pendientes si la solución a este mediático caso esta en la evidente mejora de
los resultados o la creciente aplicación de corruptelas en el proceso de
admisión.
Aplicar la razón
a la emoción nos permite entender esos vericuetos que hemos justificado por la
cultura. Las instituciones existen
porque las emociones no bastan, “Cuando las emociones gobiernan, las
instituciones se debilitan; cuando las instituciones se fortalecen, las
emociones encuentran un cauce para construir en lugar de destruir.”


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