Hoy no vamos a hablar de regalos, ni de asados, ni de corbatas.
El día del padre no es solo una fecha marcada en rojo. Es un alto en el camino para recordar que detrás de cada "no puedo ahora" había un "trabajo para que tú puedas mañana". Detrás de cada regaño que dolió, había un miedo disfrazado de protección. Detrás de cada silencio incómodo, había un "te quiero" que nunca aprendió a decirse en voz alta.
La importancia de ese ser en nuestra vida no se mide en frases perfectas ni en discursos de película. Se mide en constancia. En las veces que cargó más peso del que le tocaba para que a nosotros no nos faltara. En las noches que no durmió para que nosotros sí. En los sueños que guardó en una gaveta para que los nuestros cupieran completos.
Padre es quien te enseña a caerte sin hacer drama y a levantarte sin esperar aplausos. Quien te suelta la mano en la bicicleta sabiendo que vas a rasparte las rodillas, pero confiando más en tu capacidad de levantarte que en su miedo a que te caigas.
Un padre no siempre dice "te amo".
A veces lo dice planeando cómo conseguir para la comida del día a día .
A veces lo dice haciendo doble turno para tu colegiatura.
A veces lo dice enojado, porque no sabía otra forma de decir "ten cuidado, el mundo afuera es duro".
Hablemos claro también: no todos los padres fueron perfectos. Algunos fallaron feo. Algunos se fueron antes de tiempo. Algunos se quedaron físicamente, pero emocionalmente nunca supieron cómo quedarse. Y aún así, su figura nos marcó. Para bien, o para aprender qué no repetir cuando nos toque serlo nosotros.
Hoy su importancia no está en idealizarlo. Está en reconocerlo completo. Agradecer lo bueno sin olvidar lo que dolió. Entender que él también fue hijo, también tuvo miedos, también crió con las herramientas que le dieron a él. Lo hizo como pudo, no como quiso.
Feliz día del padre.
Al biológico, al que crió, al abuelo que hizo de papá, al tío que se apareció, al hermano mayor que enseñó, al amigo que te mostró cómo ser hombre o mujer de bien.
Porque padre no es solo quien engendra.
Si lo tienes cerca, dile hoy lo que a veces se nos olvida decirle entre el ruido: te amo papá.
Si ya no está, hónralo viviendo bien, eligiendo bien, amando bien. Eso era todo lo que él quería para ti.
Sin él, tu historia no sería la misma. Y eso, merece al menos un párrafo.
Entre líneas, larga vida para “Don Panchito, mi apá”

0 Comentarios
Nombre:
Correo Electrónico:
Página web:
Número Telefónico:
Tu comentario: