Héctor A. Gil Müller
El machismo se define como el conjunto de
actitudes, conductas, creencias y prácticas sociales que justifican o promueven
la superioridad del hombre sobre la mujer. Esta errado concepto ha traido
graves malestares y ha obstaculizado el desarrollo de la mujer en una sociedad
que se dice equitativa pero que aun mantiene ideas que separan, acciones que
dividen, creencias que limitan y prácticas que denigran. Sin embargo, acciones
se han realizado que no solo evidencian tales conductas, sino que también
parece irlas debilitando para la construcción de un entorno mejor e igualitario
para el libre desarrollo y aspiraciones. La consecuencia del machismo, porque
todo tiene su consecuencia, es la discriminación, desigualdad y violencia de
género, todo ello nos aleja de lo que queremos, nos quita lo que tenemos y
denigra lo que tuvimos.
El machismo es entonces un constructo cultural
que debemos eliminar. También existe el “machotismo” palabra que pretende
significar la tendencia a usar machotes. En México llamamos “machote” a un
formato, plantilla o documento previamente establecido. Es una palabra mexicana
que se ha popularizado en el español latinoamericano y que significa un
documento previo que usamos sólo actualizando ciertos elementos. Aunque el
origen es incierto muchos filólogos la asocian con el vocablo nahuatl
“machiotl” que significa seña o huella, para indicar que lo que se tiene es la
señal o la huella de un trabajo posterior, es decir, la base sobre la que se
construye.
Sin embargo, la existencia de machotes, tanto
en el machismo como en el machotismo, son flagelos que impiden el desarrollo.
Copiamos y convertimos lo que debería ser una libre interacción en lo limitado
que se vuelve la aplicación de algo que no responde a una realidad. En el mundo
del derecho se utilizan, erradamente, muchos formatos ya previamente creados y
sólo se actualizan con los datos correspondientes. Pero eso no encierra la
voluntad de una negociación, sino la adhesión a una previa formulación. Ser
incapaces de construir algo nuevo es semejante a ir a la guerra sin ningun tipo
de armamento. Si en las cortes militares existe una sanción para el superior
que envia al combate a un activo sin la preparación y herramientas suficientes,
lo mismo debería ocurrir en toda actividad, es trágico enviar sin un bagaje de
herramientas, armas y competencias confiando que existen modelos exitosos de
otro tiempo y ojalá se utilicen.
Negar esas herramientas no es negarnos a la
experiencia del pasado, al contrario, es reconocer esa experiencia pero también
reconocer que las condiciones actuales son diferentes y los medios exitosos no
necesariamente lo serían en un entorno diferente. Me parece que ese aprendizaje
está teniendo MORENA, el partido oficial en México. En su momento surgió como
un receptor de la fama de López Obrador, cuya plataforma generó no un partido,
sino un movimiento. Ahora preludiando las próximas elecciones, la Presidenta
Sheinbaum ha provocado un reacomodo con la construcción de un nuevo liderazgo
del partido, no desde la imagen obradorista sino con liderazgos cercanos al
liderazgo de la Presidenta. Integrantes de su gabinete se han sumado para
asegurar lo que se advierte, una elección de candidatos apegados al discurso
central sin necesidad de una negociación con el pasado. Una estrategia antigua
pero aplicada al tiempo actual.
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